De aquí viene mi inspiración : Muse!!

sábado, 27 de marzo de 2010

Look to the beyond "prólogo"

“HUSH LITTLE BABY, DON´T SAY A WORD
AND NEVER MIND THAT NOISE YOU HEARD
IT´S JUST THE BEAST UNDER YOUR BED,
IN YOUR CLOSET, IN YOUR HEAD”

“YA, PEQUEÑO, NO DIGAS UNA PALABRA
Y NO TE PREOCUPES POR EL RUIDO QUE ESCUCHASTE
ES SÓLO LA BESTIA BAJO TU CAMA
EN TU ARMÁRIO, EN TU CABEZA”

METALLICA


«Sigo siendo yo, no te preocupes»

La luna llena postrada en la plenitud del cielo asomaba por la vera de mi ventana.

« Huye, no sigas en este lugar impuro. Sigue tu camino, no mires atrás, no escuches más, cierra los ojos. Eso es, muy bien hecho. Ahora mentalízate para sentir la verdad »

Me revolví en la cama, quedé fuera del campo de visión de la luna.


« ¡Descubre la verdad! »« ¡Descúbrela! »« ¡Encuéntrala! Kim ¡Descúbrela! »« ¡Hállala! ¡Desentiérrala! ¡Corre! »

Cada vez se sumaban más voces a mi sueño, cada vez mas descontroladas, cada vez mas desesperadas. Yo me revolvía entre las sabanas. En uno de esos movimientos recuperé la conciencia y puede sentir una mano que rozaba mi antebrazo. Se me erizó el vello de todo el cuerpo. Tenía miedo y temblaba. Pude sentir como el hombre se acercaba a mí. Entonces el sujeto se inclinó y, cogiéndome por los hombros dijo:

― No tengas miedo Kim. Yo estoy aquí, ya pasó. Duerme, solo fue un mal sueño.

Y el espanto se esfumó. Era una voz grave y melosa, que me tranquilizó al instante. Me resultaba tan familiar… Abrí los ojos, con desesperada curiosidad, pero para mi decepción, lo único que encontré fue la Nada. Se había evaporado.Miré por la ventana. Pude vislumbrar como un hombre con una gabardina negra se quitaba su sombrero y me saludaba sonriente. Yo apoyé dedo sobre el cristal y sonreí. Sabía que me llenaba de amor al verlo, pero no recordaba quién era. ¿Cómo podía encontrar a una persona tan lejana en mis recuerdos del que ,sin embargo, sigo teniendo los mismos sentimientos hacia ella?

Caí sobre la cama. Las voces retornaron a mi mente.

«Aléjate de él»
« Solo te hará daño, no es bueno para ti»
«Kim»
«Kim, haznos caso Kim…»
« ¡Kim! »
« ¡Kim! ¡Kim! »
« ¡Kim! ¡Kim! ¡Kim! »

Ahora las voces eran distintas, más mentirosas, menos tranquilizadoras, más terroríficas. Cerré los ojos e intenté no escuchar. Pronto amanecería...

viernes, 26 de marzo de 2010

Cadena perpetua

Mientras escuchaba la canción de New Born, Damián sonrió. Cogió un lapicero y lo empezó a voltear entre sus dedos. Escuchaba los gritos de su madre llamándole; escuchaba la ventana romperse; escuchaba el tictac del reloj; escuchaba esa música que le llevaba fuera de la realidad. Empezó a costarle respirar, tosió, se llevó una mano al pecho y con la otra cogió la camiseta, tapándose con ella la nariz y la boca. Abrió la puerta de su habitación. Su casa se había convertido en un infierno lleno de fuego. Él amaba el fuego, le tranquilizaba. En ese momento no tenía miedo. Miró por el alféizar todo estaba hecho un desastre: un camión lleno de gasolina se había estrellado contra el otro extremo del edificio, miles de piedrecitas brillaban en el jardín, suponía que eran las joyas de su madre. Sonrió, con un poco de suerte todos abrían muerto en el acto, no habrían sufrido. ¿Esto tendría alguna relación con que el perro del vecino estuviera suelto y correteando alrededor del infierno? Ojalá, el amo del animal que pusiera una cadena de manera perpetua. Ese animal feo y huraño nos había matado.

domingo, 14 de marzo de 2010

Magnificencia

Sandra y Diego habían ido a Toledo. En un solo día habían visitado numerosos lugares. La catedral, por ejemplo, fue la primera de ellas.

Cuando se sorprendieron con ella mientras caminaban por el casco antiguo de la ciudad, se pararon en seco, boquiabiertos. Jamás habían visto una catedral directamente, y lo que vieron los dejó estupefactos: un soberbio monumento se levantaba ante ellos, imponente; un autentico paradigma gótico.

Se acercaron, la observaron detenidamente; estaban embelesados por su perfección y armonía. Al igual que Follet se sentían maravillados por las catedrales.

Era temprano, sobre las nueve de la mañana. Por desgracia, el templo abría a las diez. Se sentaron en un banco, cerca de un pequeño jardín que había enfrente de ella. Se cogieron de la mano y miraron con vista de lince, en estado de estupefacción. La catedral constaba de tres partes visible: una cúpula, un edificio (por el que se entraba) y una especie de torre (¿Campanario?). La primera de las opciones estaba constituida por ventanas alargadas, divididas en dos por columnas y sujetas por un arco de medio punto. Más arriba, el edificio disminuía de envergadura para dejar paso a la cúpula octogonal. Coronándola había una estructura circular, sujeta por columnas. Una pequeña cúpula era su tejado y en su cima, remontándola, se encontraba una simple cruz cristiana.


De todas maneras, este apartado no estimulaba interés a Sandra. Desde que se vio embestida por la magnificencia, le captó la atención esa “torre” con base cuadrada y puntiaguda en su final. Deseaba ser Dios para poder rozar cada una de los relieves de los muros, de sus pilastras, de sus arcos de medio punto. Cada una de las bellas deformidades simétricas en sus cuatro lados componía la llegada al final de esta. Tan igual, tan perfecta. Quería desentrañar con la yema de sus demos cada detalle puntiagudo del monumento. Tenía la necesidad de inspeccionarlo. Se imaginaba un cuento de hadas en él.


Sin embargo, Diego, se vio deslumbrado por la construcción central. Esta constituía la entrada a la catedral. Era la más ancha y la de menor altura de las partes apreciables. La puerta central, dividida por columnas entre los 7 y los 10 metros de altura, era algo más redundante en cuanto a lo que se veía un poco más arriba, donde un degradado de arcos con iconos sujetaba el peso de la estructura sobre la puerta. Más arriba, la tétrica visión de una fila en todo lo ancho de santos sentados en distintas posturas aterraba el corazón de Diego. A los lados de diego acaba de descubrir, dos puertas secundarias, postrados bajo un fajo de arcos y vigiladas por monjes, santos o más entidades ilustres eclesiásticas. Estas Acechaba como ojos a lo que enfrente de ellas (y detrás de Diego y Sandra) se encontraba: una especie de guarida de brujas con paredes grises, impregnada en toda su magnificencia de puestas y ventanas, con dos puntiagudas torrecitas de base cuadradas en los extremos, con tejados negros y largos pararrayos (semejantes a ellos, al menos) con forma de cruz santa.



sábado, 13 de marzo de 2010

Flora lo siente todo.

La tristeza invadía el alma de la niña. Flora temblaba,estaba encogida y veía como la lluvia golpeaba su ventana. Las lágrimas resbalaban por la cara de la pobre niña, que ante su extrema sensibilidad hacía el mundo exterior, había visto como un perro cogía del cuello a un pobre gato recién nacido y lo zarandeaba hacia los lados.

Ella se levantó después, le escocía la cara de tantas lágrimas que la habían surcado. Cogió al gato y lo llevó a su propia casa.Quería odiar a ese perro, quería poder querer matarlo, pero su propia amargura hacia el sufrimiento ajeno le rompía el corazón. Flora era especial, y lo sabía. Ella miraba a los ojos a la gente y esta se incomodaba, simplementeporque al hacerlo, la niña se quedaba influida por ellos: el oído se le agudizaba,la vista, el tacto y su extremísima sensibilidad también crecían en magnitud.Escuchaba su corazón latir, sentía el aire inmóvil rodeándola, escuchaba el tictic de las hormigas al caminar. Pero para su desgracia, el corazón que portaba no era lo suficiente duro como para no inmutarse por el sufrimiento ajeno, pues ese don que a muchos les hubiera encantado portar, para ella, una niña de 5 años, era más que maravilloso, una tortura. Ella vivía por dentro lo que las personas llevaban ensu interior, todo lo que sentían, sufrían, pensaban, agobiaba, enorgullecía,alegraba… todo; pero al hacerlo una parte de el interior de estas, lo cargaba ella en su pequeño corazón, que late rápido por sus pequeñas dimensiones.

Corrió por calles, escuchó los aullidos del viento, que parecía portar a una jauría de almas en pena. Torció una esquina, después otra a la derecha, otra vez a la izquierda y por fin en casa. Llamó al timbre y su madre le dio un caluroso abrazo y fingió preocupación por el pequeño gato ensangrentado, después se ofreció a curarlo pero Flora sabía que ninguno de sus sentimientos eran sinceros: no sintió alivio al verla entrar en la casa, no se interesó por la victima del perro fiero, no deseaba curarlo junto a ella para aliviar el dolor de su hija y del mamífero domestico.

Fue a su cuarto directamente. Puso una toalla encima de la colcha de la cama y dejó descansar al gatito. Flora examinó delicadamente el cuerpo del maltrecho animalillo, que para su sorpresa no estaba gravemente herido, tan solo tenía unos cortes de los colmillos del perro fiero en su cuello y estaba todo mojado de sangre. Fue al cuarto de baño, puso el tapón del lavabo y abrió el grifo. Cuando se lleno de agua tibia, metió al gato que estaba tumbado en su manita y con un dedo lo fue frotando hasta que su sangre se disolvió con el agua tibia. El gatito empezó a ronronear y Flora sonriente lo envolvió en una toalla, para dejarlo reposar entre almohadones.

Después de un cuarto de hora, la niña divisó que el gato había abierto sus ojos y la miraba. Ella dejo de hacer la tarea y caminó hacia él. Lo miró a los ojos… no sentía nada. Lo cogió en brazos y dijo en voz alta:

- – ¡Por fin he encontrado a quien no puedo ver! – y sonrió con tal felicidad que el gato también lo hizo.

Después fue corriendo a por un cuenco con leche y lo colocó en el suelo. Se tumbo en la tarima. Miró como lamía el minino la eche, y producía ondas, observó como después se lamía los bigotes y, para gran sorpresa suya sintió un lametón en la mejilla.


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